Relatos

“¡Agüita!” – Por Paco Alarcón

Apertura de la vía “Agüita”

Pared NE Neverón de Urriellu – Macizo Central de los Picos de Europa.

22 de enero de 1999

Hace poco, “Agüita” cumplió 22 años; viendo estas diapositivas digitalizadas, uno se da cuenta de que la ropa de montaña, los materiales y, sobre todo, nosotros, hemos cambiado, pero la montaña, el Neverón, sigue igual, como aquel día; lo he comprobado todo este tiempo.

En mi escala vital, solamente he llegado a vislumbrar un cambio temporal en los Picos de Europa, unas condiciones efímeras, caprichosas y cambiantes, que acontecen con la llegada del invierno; y aquél fue un buen invierno, tanto que nos animamos a escalar ese trozo de pared virgen que tanto tiempo habíamos deseado. Y no sólo porque aún no había sido escalada, sino porque nos gustaba esa pared, tan escarpada como hermosa. Nos motivaba, y eso te da alas.

El 21 de enero llegamos al collado de Pandébano y nos desanimó la gran cantidad de nieve que había dejado el último temporal (no había móviles para consultar esas cosas); no obstante, al bajar del coche, vimos una huella de bota que algunas veces tenía casi medio metro de profundidad, pero se había helado y nos ayudó mucho en la aproximación hasta el refugio de Urriellu. Eso sí, fueron tres horas y media, cuando en verano se puede subir en menos de dos. Al entrar en el refugio, nos encontramos con varias personas, las que abrieron la dura huella; enseguida su acento les delató, ¡eran canarios, unos canarios en Urriellu en pleno invierno!

Nos hablaban de sus islas, de sus montañas, sobre todo del Teide, y hacían hincapié en su cara norte en invierno; se referían a ella con la palabra “agüita”, y entendimos que esa expresión significaba algo serio, peliagudo. Difícil.

El día 22 amaneció espectacular, con sol, sin viento; desde la puerta del refugio se veía la pared y, durante la corta aproximación, se fue convirtiendo en una losa que nos aprisionaba, pues según nos acercábamos a ella iba ganando verticalidad. Hasta aquí lo habíamos achacado a un efecto óptico.

Todo era incertidumbre, sin duda, el ingrediente principal de la aventura; también algo de miedo, por qué no decirlo. Aparte del material flotante (clavos, empotradores, tornillos de hielo), metimos en la mochila un espitador y cuatro espit, imaginando el peor de los escenarios, no encontrar buenas fisuras en la roca y, sobre todo, tener que abandonar la pared de forma segura.

 

El momento decisivo y tan ansiado llegó; al pie de la pared nos encordamos y me toca empezar. Era consciente de que nadie pasó por allí antes y que me adentraba en lo desconocido. La consistencia de la nieve me animaba a progresar rápido con los piolets y crampones, pero unos metros más arriba, la pared me obliga a iniciar una diagonal ascendente hacia la izquierda sobre nieve blanda.

No puedo meter ningún seguro y sé que la cuerda es un adorno en esos momentos, metros y más metros sobre una pendiente de 50º de nieve que, por lo menos, aguanta mi peso.

 

Cuando las cuerdas se acababan y la cosa empezaba a ponerse vertical, afloró roca firme, compacta; ni una sola fisura donde colocar un seguro. Mi compañero estaba 50 metros más abajo, las cuerdas libres, sin seguros intermedios, así que decido colocar un espit a martillazos, operación que me lleva unos 20 minutos; pero, cuando por fin coloco la chapa, fue como si me atornillara a la vida.

 

Lo que tenía sobre mi cabeza metía miedo, pero le tocaba a Salvi y sabía que él lo solucionaría, para algo era mi maestro. Así fue; con la seguridad que nos daba la reunión que acababa de montar, escaló con maestría un muro de hielo tan fino que no dejaba colocar tornillos. Un solo espit de 8 mm en la reunión ya no me parece algo tan bueno; cuando la aguja estaba de nuevo en lo rojo, oigo con alivio cómo mete un clavo unos metros más arriba, y luego otro; ese sonido metálico actúa como un bálsamo contra el miedo. Voces concretas, seguras, “¡reunión!” “¡voy!” “¡sube!”. Cuando llego al primer clavo, lo saco con una mano, y el otro también. ¿Cuándo se acabará esto?

Esta tensión me agota, y el estado de la nieve del siguiente largo tampoco ayuda, pero, no me lo puedo creer, llego a una pequeña rimaya al pie de la roca y hay una buena fisura. Suelo plano y tres buenos seguros en la reunión; la arista se adivina a un largo de cuerda por encima. Siento algo que parece felicidad. Salvi se encarga de llegar hasta la cresta y, poco después, me reúno con él; es un filo y estamos a horcajadas, uno enfrente de otro, asegurados en un buen bloque de roca. Le veo sacar la cámara y pongo cara interesante; baja la cámara y dice que me incline a mi izquierda, que tapo el Picu (Naranjo).

Cuestión de prioridades; pero la foto me gusta. Desde mi posición veo la cumbre del Neverón, y una arista afilada nos separa de ella. Aquí se disipan las ganas de aventura y sentimos los cuerpos relajados, demasiado; decidimos acabar con la tensión y damos por finalizada la vía en ese punto. Montamos el rápel en el bloque que sirve de reunión y me lanzo hacia el sur apurando los 50 metros de las cuerdas. Un segundo rápel de dos clavos nos deja en una pendiente que podemos destrepar en dirección al refugio. El día sigue apoteósico, como empezó, y nosotros empezamos a notar la euforia correr por las venas.

Los canarios ya no estaban en el refugio, ni volví a saber de ellos, pero forman parte de esta aventura, por la huella que nos abrieron y por poner, sin quererlo, el nombre a la vía, “Agüita”. Es una anécdota, un pequeño capítulo en la enorme historia de nuestros Picos de Europa, pero una vía deseada y que no siempre se deja; de hecho, me constan tres repeticiones en estos veintidós inviernos.

Hay días, muchos, que quedan diluidos en la corriente del tiempo y, otros, como éste, que quedan anclados a la memoria. Y aunque hubo muchas otras aventuras, esta fue la primera que me vino a la cabeza cuando me propusieron escribir en este blog. Espero que os guste.

Paco Alarcón (GREIM Guardia Civil de Cangas de Onís – Asturias)

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3 replies »

  1. Da gusto volver a los blogs, a las reflexiones pausadas y detalladas. Nos seguimos en Twitter, pero aquí hay un remanso de paz y tranquilidad. Y encima aparecen unos paisanos míos, en la que considero mi segunda casa.
    Y para acabar (o empezar) una excelente escritura y lectura. ¡Claro que nos ha gustado!.
    Enhorabuena Paco. ¡Salud!

    Le gusta a 1 persona

    • Muchas Gracias por seguir nuestro blog y que te guste lo que hacemos, somos un grupo de amigos que hemos creado este blog para dar a conocer a las jóvenes promesas de nuestro país y que la gente pueda contar sus anécdotas y relatos ya sea en la montaña o corriendo a través de este blog. Nos alegra comentarios como el tuyo, como he dicho antes muchas gracias por tu comentario.

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