Relatos

Mi Mejor Momento. Por José Carlos Gudiel.

Buffff, pregunta difícil cuando llevas tanto tiempo en esto del deporte y, en específico, del triatlón.

Podría relatar mil y un buenos momentos, mi primer triatlón en la Casa de Campo, mi primer Palmaces, Lanzarote, Northwestriman, Toledo, Doñana… No sabría por dónde empezar ni por dónde terminar.

Elegiría mil momentos mágicos y especiales, como cuando te tiras al agua en el Cantábrico en el triatlón de Zarautz, o pasar por el Mirador del Río en Lanzarote, la gente de Vitoria en el sector de carrera a pie, el trato divino de los organizadores del Northwestriman y correr por doñana en su Desafío.

Y aun así me dejaría algún momento en el tintero.

Creo que te contaré mi experiencia en el Ironman de Vitoria por cómo fue su historia, tanto de prepararlo como de correrlo.

Dos meses antes, en mayo de 2016, me avisan por correo de que, debido a un sorteo en Twitter, me ha tocado dorsal para correr el entonces triatlón Vitoria-Gasteiz. Me quedé en shock, ese año no quería hacer distancia ironman, sólo había hecho la maratón de Barcelona y el medio ironman de Toledo, así que la preparación no era la mejor. Soy mi propio entrenador y me entraron dudas de que hacer. Lo hablé con mi mujer y, dicho y hecho, les dije que sí.

9 semanas para preparar un ironman, qué locura, pero teniendo base y mi experiencia, dije “a por ello”. Lo primero fue buscar alojamiento, cosa que fue casi imposible pero, gracias a las redes sociales, me ofreció su piso mi gran amigo Asier Bascones.

Las semanas corrieron rápidas, y me vi muy fuerte y con ganas a medida que se aproximaba la fecha.

Llegamos a Vitoria, y allí me esperaba mi amigo Igor para enseñarme la zona de natación, el precioso embalse de Ullibarri Gamboa, donde tocamos agua el día antes y rodamos por parte del circuito de bicicleta . 

El día de la prueba amaneció con nieblas, y eso hizo que se retrasara casi una hora, pues no se veían las boyas en el segmento de natación, así que más nervios añadidos que hay que saber llevar: Una hora de más con el neopreno puesto sin saber si quitártelo, calentar, salirte… En fin, un poco de caos .

Al final, pistoletazo de salida, 2000 tíos al agua y yo en segunda fila, saliendo valiente. Muchos golpes en el agua, todos queriendo pillar los mejores pies y la línea más recta hasta las boyas, dos vueltas de 1900 metros, el agua transparente y poco fría. Salí en 32 minutos de mi primera vuelta, tomé un poco de aire y a seguir nadando, hasta completar la segunda vuelta en 33’, con tiempo total de 1h 05 minutos .

La transición fue larga y plagada de triatletas: busca tu bolsa, te cambias, y a por la cabra. Corrí con una BH aerolight, rueda de 60 delante y lenticular detrás. Al subirme a ella, un mal salto hace que me clave la botella del botellero del sillín en el gemelo, pensé que me habían dado una puñalada. Dolor intenso y hasta ganas de vomitar, me intento relajar y pensar que pasará mientras ruedo, y así me tiro cerca de 15 kilómetros hasta que parece que remite el dolor, Dirección a Vitoria, me encuentro bien y empiezo a poner ritmo crucero, pensando en comer, beber y mantener el ritmo.

Sin embargo, al pasar por el Buesa Arena, se me cae uno de los bidones que llevo justo después de haber pasado el avituallamiento. Un motorista de la organización me dice que me lo cogería él y me buscaría. Es un bidón aero y no puedo coger otro en su lugar, pues no me vale, otra cosa más que añadir a las desgracias.

Pero seguimos, y cada vez me encuentro mejor. Paso la primera vuelta a buen ritmo, sobre 32 km/h de media, velocidad ideal para mí, así que sigo a lo mío. El gemelo a veces molesta, pero lo ignoro y me distraigo un poco con la llanada alavesa y sus campos impresionantes. Así, todo transcurre sin más problemas y poco a poco van cayendo kilómetros. Hasta que, casi sin darte cuenta, estás entrando por las calles de Vitoria a los boxes para el cambio de ciclista a corredor, un poco menos de 6 horas para los 180 kilómetros.

 Me recogen la bici al llegar y corro por una calle dirección a una plaza un tanto extraña con forma de grada, donde están los boxes. Me cambio rápido para salir a correr con dolor en el gemelo, al llegar a la zona de meta, donde hay avituallamiento, pregunto si hay un médico. Aunque me toca esperar unos minutos, este viene y, tras contarle qué me pasa, me dice que lo mejor es que abandone. Echo a correr y le digo, “dentro de 42 kilómetros me paro”. 

Empiezan las 4 vueltas de más de 10 kilómetros por las calles de Vitoria. El ambiente es impresionante, los vascos saben cómo animar y alentar hasta al último corredor, nunca te dejan solo y te llevan en volandas hasta la meta. Es increíble que prácticamente los 10 kilómetros del recorrido estén llenos de gente animando.

Me centro en mantener el ritmo. Mi familia, que está en un parque, me anima. Me paro, les comento lo del gemelo y me animan a seguir. Y eso hago, mantengo ritmo constante y a ver hasta donde llego. Concentrado, pasan los kilómetros.

Me duele el gemelo cada vez más, y además la temperatura sube mucho, te hace tener que refrescarte en todos los puntos preparados para ello, beber mucho líquido (en mi caso, sólo coca cola), y tomar sal cada hora para evitar calambres. Cada vez que paso por un puesto sanitario, me echo reflex esperando que se me calme .

Aun así, no cejo en mi empeño y sé que puedo aguantar ese dolor , de modo que van cayendo las vueltas. Al principio, tenía la esperanza de bajar de 11 horas y, cada vez que pasaba por el reloj oficial, en cada vuelta, creía que lo iba a lograr. En la tercera vuelta me adelanta mi amigo Víctor, de Arroyomolinos, me dice que me enganche a él, pero me es imposible. Al pasar por el arco de meta, veo que me faltan 50 minutos para las 11 horas y creo que va a ser imposible conseguirlo porque el gemelo me molesta mucho. En la última vuelta, vuelvo a parar en los puestos sanitarios, pero no me rindo, eso no es una opción, y sigo luchando hasta el final. Por contrameta, a falta de unos 300 metros, escucho a mi familia animándome y sigo dándolo todo hasta la meta, con un tiempo de 11h13 minutos . 

Mi entrada, esa foto que es mi fondo de pantalla de ordenador y en mi perfil de twitter desde entonces, demuestra la rabia con la que entré.

Rompí a llorar por todo lo que había pasado, lo que me costó, prepararlo en tan poco tiempo, que sé que no es lo idóneo, pensé en la gente como Asier que me ofreció su hogar sin conocerme e hizo que fuera posible acudir a esta carrera; en mi familia, que me apoya y acompaña siempre en estas locuras, y que hicieron su propio ironman durante todo este largo día.

El tiempo fue lo de menos, las adversidades hicieron que este ironman fuese uno de los más especiales que he corrido.

Ah, y el motorista me dio el bidón en la línea de meta. “Te dije que te lo daría”.

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